La butaca, bautizada con el nombre de Alicia, debía de integrarse en el diseño global de la sala y regirse por los principios más exigentes de confort, acústica y visibilidad. El diseño del modelo Alicia constaría de dos partes bien diferenciadas. Por un lado, el soporte, de forma geométrica, se consideraría una prolongación de la propia grada, incluso en el tratamiento de color oscuro. Por otro lado, la estructura orgánica, la que está en contacto con el cuerpo, se caracterizaría por un diseño liviano capaz de ennoblecer la sala y estar en sintonía con las funcionalidades y la estética de la misma. Juan Navarro Baldeweg se inspiraría en las líneas de un elegante pañuelo de solapa para dar forma a la butaca.